Toponimia de Caminos y Lugares


Es incuestionable que, conforme pasan los años, pasan también las cosas, las modas y las personas.
Hubo un poeta que sublimaba este pensamiento y decía: “Todo pasa y todo queda. Pero lo nuestro es pasar. Pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.”
En Poedo también pasan las cosas y pasan cosas; pero, al contrario de muchos otros lugares, hay cosas que no pasan. Y esto, tal vez ocurra solamente en Poedo, porque Poedo limita con la eternidad o porque tal vez está metido ya en la eternidad.
Entre las cosas que no pasan en Poedo están los caminos que van a dar a cada propiedad particular y a todas las propiedades comunales. Basta pronunciar el nombre de tal o cual lugar, para que cada uno vaya, sin necesidad de GPS, al lugar sugerido.
El perímetro de Poedo viene configurado por los pueblos circunvecinos de Bustelino, San Román, Bobadela la Pinta, Farria, Padroso… En algunos sectores, la línea está bien definida; en otros, hace sus zigzag o “reviravoltas”.
Que a dónde nos llevan los caminos? A lugares tan lejanos, eriazos y solitarios como “Aguillón” o “As Forcas” y “a Chaira” que siempre inspiran temor no se sabe por qué ni a quién. A esos lugares había que desplazarse en “gavilla”, o sea con compañía.
Hay caminos que nos llevan a “O Penedo dos chocas ou das campás” cuyas concavidades sonaban como verdaderas campanas al golpearlas con nuestras varas de pastores.

Otros salían hacia lugares similares a los que encontramos en las películas del oeste, como son los de a “Ambiela”, a “Cortiña” ou o “Lavago”, aquel siniestro lugar en el que, en tiempos remotos, cuatro criaturitas que guardábamos el ganado, vimos pasar el lobo a menos de tres metros sin pronunciar palabra porque el susto nos dejó mudos.
Cambiando de dirección y menos peligroso era el camino que llevaba a lugares como “Bal da Frisca”, “As Laxas Longas”, con su roca gigante en forma de Concha Acústica acogedora, lugar de cita de todos los pastores. Allí fue donde Claudio Bouzas Prol, el de la Señora Benita nos enseñó unos bailes modernos que él había aprendido en la ciudad capital.
Había otros caminos que no iban tan lejos, llegaban a “A Touza” identificada por el suave tono de los abedules, reveladores de alguna fuente cercana.

Muy significativo era el camino que nos llevaba “O Couto”, punto y cima, desde donde, los que venían de lejos, (de las siegas en Castilla, o de la Mili), lanzaban sus “irgutíos” o “ijujus” al divisar el pueblo. Era ese el antiguo camino de Xunqueira.

Otros caminos llevaban a fincas más cercanas: 0s “Agros” tierra de viejísimos castaños, como los de Vidueiros, “A da Moza”, “A da Vella”, a “Cortiña das Uces” “A Corbaceira”, “O Pumariño”, a “Tapada”, O “Carreiro Ancho”, A “Auga lavada”, “A Corga”, “O Corgo”, “O Terreo” y “Os Paraños” por el camino hacia Guamil, “A Lameira”, “A Peneda Redonda”, “O Bouzo da Pena”, “O Viso”, “O Foro”, “A Torre”, “Os Fabás”, “A Cavadiña” “A Portela”, etc. etc. et ceterísima.
Pero los más significativos de todos era o eran los que nos llevaban al conjunto rocoso emblemático de Poedo, llamado “O Penedo Bo”. “O Penedo Bo” tenía una estructura tal que señalaba las horas del día a los vecinos del pueblo. Claro, solo cuando salía el sol!.



E. Mangana López, C. M.

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